Allen
obtiene su primer éxito con Annie Hall (1977) película que marcó
el inicio de la gran etapa creativa de Woody Allen como autor y con la que
obtiene cuatro Oscar de Hollywood
correspondientes a la mejor película, director, guion y actriz protagonista
(Diane Keaton) premios que Allen no acudió a recoger a Los Ángeles bajo el
pretexto de que tenía que tocar el clarinete en el Michael’s Pub de Nueva York. La película tuvo un presupuesto total
de 3 millones de dólares y consiguió recaudar 30 millones.
El argumento
es el siguiente: Alvy Singer, interpretado por el propio Woody Allen, es un
cuarentón neurótico que trabaja como humorista en clubs nocturnos. Tras romper
con Annie reflexiona sobre su vida, rememorando sus amores, sus matrimonios,
pero sobre todo su relación con Annie. Al final, llega a la conclusión de que
son sus manías y obsesiones las que siempre acaban arruinando su relación con
las mujeres.
Annie Hall también representa un paso decisivo en las relaciones del
cineasta con su ciudad. Por una parte porque describe con precisión su concepto
del estilo de vida específicamente neoyorquino, y de la fauna que lo anima, al
tiempo que muestra con especial belleza sus rincones preferidos. Y, por otra,
porque utiliza como elemento de comparación California, criticando
despiadadamente las condiciones de la vida cotidiana de Los Ángeles.
En Annie Hall Allen se ríe de sí mismo a la
vez que hace una descarnada y agridulce crónica de su generación, de esa
modernidad progre de Nueva york, y por extensión del mundo occidental, que
padece los mismos problemas de soledad, inadaptación y falta de amor. Al ser el espejo de su época, Annie
Hall se ha ganado el calificativo de película universal y retrato de la
nueva burguesía de fin de siglo.
Allen lo
explica así:
Annie Hall fue muy importante para mí porque era mucho más realista que lo
que yo había hecho en mis películas anteriores en las que lo único que me
importaba es que fueran divertidas (…) Era una película mucho más real, tenía
mucho más que ver con los seres humanos. Por lo tanto, no pude ser tan
divertido como en mis anteriores películas.
Técnicamente
la película se asienta sobre una estructura narrativa fragmentada por flashbacks, intervenciones de Alvyn
dirigidas a la cámara (en ocasiones interpelando al espectador), sueños,
escenas de animación, imágenes con subtítulos que revelan el verdadero
pensamiento de los interlocutores y división de la pantalla en dos partes desde
las que los actores se interpelan.
Vamos a ver el comienzo con Woody Allen hablando directamente a la cámara.
Vamos a ver el comienzo con Woody Allen hablando directamente a la cámara.
Demasiado metraje para un tiempo limitado
Cuando Woody
se encerró en la sala de montaje tenía ante él más de cuarenta horas de
película filmada. El primer montaje que realiza dura cuatro horas. De esta
masera tiene que suprimir muchas escenas para no superar la duración prevista
para una película comercial. Allen sacrificó parte del argumento sobre la vida
de Alvy para centrarse en la relación entre Alvy y Annie. Así, el segundo montaje
duraba dos horas y media y, finalmente, consiguió reducirlo a los 93 minutos de
la copia de exhibición.
De las
muchas escenas que el realizador sacrificó cabe destacar dos: una fantasía de
Alvy en la que se veía en una tele jugando un partido de baloncesto contra los
New York Knicks y otra en la que Alvy, Annie y Rob están paseando por las
calles de Manhattan y el Diablo ―vestido con un elegante traje―les invita a una
visita guiada por el infierno. Descienden en un montacargas y van pasando por
distintos niveles donde van observando a diferentes celebridades que se
encuentran allí castigadas. Cuando llegan al nivel sexto y se abren las puertas
aparece, entre llamas, el presidente Nixon.
Vamos a ver una escena e la que los personajes se dirigen directamente al público.
Vamos a ver una escena e la que los personajes se dirigen directamente al público.
























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