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lunes, 26 de enero de 2026

3. Annie Hall

Allen obtiene su primer éxito con Annie Hall (1977) película que marcó el inicio de la gran etapa creativa de Woody Allen como autor y con la que obtiene cuatro Oscar de Hollywood correspondientes a la mejor película, director, guion y actriz protagonista (Diane Keaton) premios que Allen no acudió a recoger a Los Ángeles bajo el pretexto de que tenía que tocar el clarinete en el Michael’s Pub de Nueva York. La película tuvo un presupuesto total de 3 millones de dólares y consiguió recaudar 30 millones.

El argumento es el siguiente: Alvy Singer, interpretado por el propio Woody Allen, es un cuarentón neurótico que trabaja como humorista en clubs nocturnos. Tras romper con Annie reflexiona sobre su vida, rememorando sus amores, sus matrimonios, pero sobre todo su relación con Annie. Al final, llega a la conclusión de que son sus manías y obsesiones las que siempre acaban arruinando su relación con las mujeres.

Annie Hall también representa un paso decisivo en las relaciones del cineasta con su ciudad. Por una parte porque describe con precisión su concepto del estilo de vida específicamente neoyorquino, y de la fauna que lo anima, al tiempo que muestra con especial belleza sus rincones preferidos. Y, por otra, porque utiliza como elemento de comparación California, criticando despiadadamente las condiciones de la vida cotidiana de Los Ángeles.

En Annie Hall Allen se ríe de sí mismo a la vez que hace una descarnada y agridulce crónica de su generación, de esa modernidad progre de Nueva york, y por extensión del mundo occidental, que padece los mismos problemas de soledad, inadaptación y  falta de amor. Al ser el espejo de su época, Annie Hall se ha ganado el calificativo de película universal y retrato de la nueva burguesía de fin de siglo.

Allen lo explica así:
Annie Hall fue muy importante para mí porque era mucho más realista que lo que yo había hecho en mis películas anteriores en las que lo único que me importaba es que fueran divertidas (…) Era una película mucho más real, tenía mucho más que ver con los seres humanos. Por lo tanto, no pude ser tan divertido como en mis anteriores películas.

Técnicamente la película se asienta sobre una estructura narrativa fragmentada por flashbacks, intervenciones de Alvyn dirigidas a la cámara (en ocasiones interpelando al espectador), sueños, escenas de animación, imágenes con subtítulos que revelan el verdadero pensamiento de los interlocutores y división de la pantalla en dos partes desde las que los actores se interpelan.
 Vamos a ver el comienzo con Woody Allen hablando directamente a la cámara.




Demasiado metraje para un tiempo limitado
Cuando Woody se encerró en la sala de montaje tenía ante él más de cuarenta horas de película filmada. El primer montaje que realiza dura cuatro horas. De esta masera tiene que suprimir muchas escenas para no superar la duración prevista para una película comercial. Allen sacrificó parte del argumento sobre la vida de Alvy para centrarse en la relación entre Alvy y Annie. Así, el segundo montaje duraba dos horas y media y, finalmente, consiguió reducirlo a los 93 minutos de la copia de exhibición.
De las muchas escenas que el realizador sacrificó cabe destacar dos: una fantasía de Alvy en la que se veía en una tele jugando un partido de baloncesto contra los New York Knicks y otra en la que Alvy, Annie y Rob están paseando por las calles de Manhattan y el Diablo ―vestido con un elegante traje―les invita a una visita guiada por el infierno. Descienden en un montacargas y van pasando por distintos niveles donde van observando a diferentes celebridades que se encuentran allí castigadas. Cuando llegan al nivel sexto y se abren las puertas aparece, entre llamas, el presidente Nixon.

 Vamos a ver una escena e la que los personajes se dirigen directamente al público.



jueves, 1 de enero de 2026

2. Los comienzos

Después de haberse iniciado como escritor de chistes para otros, monólogos que en ocasiones interpretaba él mismo, y pequeñas piezas teatrales o para televisión, además de numerosos artículos satíricos publicados en The New Yorker y otras revistas, Woody Allen llegó al cine en 1965 de la mano del productor Charles Feldman que aceptó su guion y le propuso intervenir como actor en la película ¿Qué tal, Pussycat? (What’s New, Pussycat?, 1965) dirigida por Clive Donner. Es la historia del famoso playboy Michael James (Peter O'Toole), quien se ve continuamente asediado por mujeres, para tratar de enderezar su compleja vida amorosa, acude a la consulta del doctor Fritz Fassbender (Peter Sellers), un desequilibrado psiquiatra, más adicto al sexo que el propio Michael, de modo que, en lugar de ayudarle a resolver su problema, se lo agrava. Continuos cambios en el guion hacen que la película que se estrena tenga poco que ver con lo que Allen había escrito originariamente.



Un par de interpretaciones más dieron paso a la primera obra cinematográfica Toma el dinero y corre (Take the Money and Run, 1969) dirigida y protagonizada por Woody Allen cuyo guion escribió junto a Micky Rose y en la que ya podemos ver las características de lo que será su cine.
La película está narrada por una voz en off y en ella se mezcla el thriller policíaco (o más bien su parodia) con los temas recurrentes de sus monólogos (sus padres, el psiquiatra, las mujeres) y con los elementos propios de un documental (imágenes de archivo y entrevistas simuladas) que años más tarde utilizará en otras películas.
Allen narra la delirante historia de Virgil Starkwell, un incompetente atracador que desde el principio de su vida estuvo abocado a la delincuencia, sometido y humillado en su infancia por los chicos más fuertes. Después de comprobar que su carrera musical no tenía futuro a Virgil no le quedó más remedio que robar, pero su escaso talento pronto lo conduciría a la cárcel.
La película se estrena en un solo cine de Manhattan, pero tiene tanto éxito que pasó a estrenarse por toda la ciudad, había nacido un director.


En 1971 realiza un mediometraje para televisión titulado Hombres en crisis: la historia de Harvey Wellinger (Men of Crisis: The Harvey Wellinger Story) donde satirizaba a Nixon y Kissinger y que finalmente la cadena WNET-TV de Nueva York no se atreve a emitir, se archivó y cayó en el olvido.

Allen dijo sobre este asunto:
[La película] no era muy buena, pero la administración Nixon la censuró y nunca fue emitida. De ese modo se hizo muy importante, aunque nadie la hubiese visto. No era nada, pero como estuvo prohibida se convirtió en un mito. Es mediocre, no demasiado buena y apenas tiene algunos chistes.

En 1971 dirige su segundo largometraje, Bananas donde actúa dando vida a Fielding Mellish, un neoyorkino típico y, a la vez, muy peculiar cuya vida se transformaba por completo al enamorarse de una activista política que le desprecia por su falta de compromiso lanzándolo a la olla de conflictos que bullía en la imaginaria república bananera de San Marcos.
Pero el personaje que va a fijar los rasgos físicos y psicológicos que han hecho tan popular su figura es el de Allan Felix, el protagonista de Sueños de seductor (Play itAgai Sam, 1972) dirigida por Herbert Ross aunque con guion de Allen a la vez basado en su propia obra de teatro y homenaje personal a Casablanca (1942, Michael Curtiz).

Dice Allen sobre Bananas:
Bananas seguía siendo una película en la que solo me importaba ser divertido. No es más que ritmo rápido y chiste tras chiste y a otra cosa. Es bastante anacrónica.

Woody Allen durante el rodaje de 'Bananas'

Allen continúa su carrera con la disparatada Todo lo que siempre quiso saber sobre el sexo y nunca se atrevió a preguntar (Everything You Always Wanted to Know About Sex –But  You Were Afraid to Ask- 1972) La película es una paródica interpretación de la concepción del sexo que imperaba a principios de los 70, una comedia en la que a lo largo de siete capítulos, el director neoyorkino contesta a su manera las preguntas planteadas en el libro de divulgación sexual en el que se apoya el filma, abordando de una forma descarada y cómica algunos de los tabúes relativos a la sexualidad humana. 


Todo lo que siempre quiso saber sobre el sexo y nunca se atrevió a preguntar (1972)

El dormilón (Sleeper, 1973) es la historia de Miles Monroe, clarinetista y propietario de una tienda de comida sana, quien tras permanecer 200 años en estado de hibernación despierta en el año 2.174 en una América regida por un estado policial que vigila día y noche a todos los habitantes del país.
Sleeper es la historia del hombre que se siente fuera de lugar en la sociedad del futuro, pero también se puede reconocer una fábula sobre la incomodidad que siente el ciudadano normal ante los nuevos inventos de la humanidad
Esta película ayudó al director a perfeccionarse para metas más ambiciosas, el guion está más cuidado y ya no es una mera sucesión de gags sino una historia con un argumento más elaborado.

Woody Allen y Diane Keaton en 'El dormilón' (1973)

En 1975 rueda una singular reconstrucción de la época napoleónica en La última noche de Boris Grushenko (Love and Death, 1975) narra las aventuras del cobarde Boris Grushenko que intenta luchar a su modo contra las tropas napoleónicas, todo ello no es más que la excusa para que Allen pase por la trituradora de su humor a clásicos de la literatura rusa como Guerra y paz de Tolstoy o Los hermanos Karamazov de Dostoyevski.
Dentro de la primera etapa cómica de Allen, es su película globalmente mejor conseguida y anuncia algunos aspectos que marcarán su siguiente etapa más autobiográfica (Annie Hall y Manhattan) así como el lado dramático que mostrará en Interiores (1978).






jueves, 18 de diciembre de 2025

1. Woody Allen. Los orígenes

Woody Allen
— ¿Usted es el joven cobarde del que habla todo el mundo?
—Bueno, no soy tan joven.

Woody Allen, en el personaje de Boris, en la película La última noche de Boris Grushenko (Love and Death, 1975)

LOS ORÍGENES
Algunas declaraciones de Woody Allen sobre su vida:

Desde pequeño sabía que podía hacer reír a los demás. Lanzaba ocurrencias divertidas en clase y contaba chistes en el recreo. La mayoría me los inventaba. Si alguien me pide que analice mi éxito como cómico no sabría que responder, es algo que entra en el terreno de lo intrínsecamente imposible.

En el fondo todos estamos tras la chica y con miedo a morirnos. La gente me observa en la pantalla, me ve citándome con una chica, saliendo con ella sin dejar de meter la pata, intentando besarla torpe e infructuosamente, y se ríe porque piensa: ‘Oh Dios bendito, a él también le pasa lo mismo’, y creen que se ríen de mí, pero se ríen de sí mismos. Y eso, en el fondo, les gusta.

Sobre su adolescencia:
Comencé a leer a los 17 años cuando empecé a salir con chicas, y como yo era un inculto no podía mantener una conversación con ellas. Eran mujeres seductoras, inteligentes, que leían mucho, y yo no las podía seguir. Esa fue la única razón que me impulsó a leer, a pesar de que la lectura no me interesaba en absoluto. Compréndalo, jamás había visto a mi padre o a mi madre con un libro en la mano.

Sobre su neurosis:
Aparentemente no hay un motivo especial para que yo sea el tipo neurótico que soy. Lo mío debe ser una insatisfacción genética con las cosas. Hoy, después de 20 años de psicoanálisis freudiano, lo único que he conseguido es reducir las sesiones de cinco a tres a la semana.

REFERENCIAS
Admirador de Fellini, De Sica, Welles, Buñuel y, sobre todo, de Bergman. Entre sus películas de referencia están El séptimos sello (Detsjundeinseglet, 1957), Ladrón de bicicletas (Ladri di biciclette, 1948), La gran ilusión (La grande ilusion, 1937), Ciudadano Kane (CitizenKane, 1951).

NUEVA YORK
Cuando en 1941 vine por primera vez con mi padre me enamoré desde el instante en que salí del metro en Times Square: cada seis o siete metros había un cine con una marquesina resplandeciente. En mi barrio (Brooklyn) había uno cada tres calles, y ya era mucho. Aquí, en Broadway, veía veinte a la derecha y otros veinte a la izquierda, y al doblar la calle 42, otros tantos. No daba crédito a lo que veía.



Vemos que la atracción de Manhattan sobre Woody Allen llegó directamente de la mano del cine al que ya era muy aficionado desde que con tres años viera la primera película, Blancanieves y los siete enanitos, y saliera corriendo de la butaca para tocar la pantalla, asombrado por el hecho de que los personajes que aparecían en ella se movían.

No solo me enamoré perdidamente de Manhattan a primera vista, sino que empecé a amar cualquier película ambientada en Nueva York que comenzara mostrando su 'skyline' y se adentrara en ella poco a poco: películas de detectives, comedias románticas, historias situadas en club nocturnos o áticos de Nueva York. Todavía hoy, el noventa y nueve por ciento de los films que no tratan de la ciudad rara vez me llaman la atención. Tienen que ser verdaderamente extraordinarios. En cambio, me encanta cualquier película de segunda categoría que empiece o se desarrolle en Nueva York .

Nieto de inmigrantes judíos llegados a América a principios del siglo XX, desde Austria por parte de la madre y desde Rusia por la del padre, esos orígenes geográficos y culturales iban a resultar decisivos para el enfoque posterior de su actividad creativa, en una muestra de fusión de raíces y tendencias que ha caracterizado siempre a la gran ciudad.

Esa mezcla de adoración y capacidad crítica sobre Nueva York es compartida con otros genios cinematográficos de origen europeo asentados en los Estados Unido: desde el austriaco Billy Wilder hasta los directores de ascendencia italiana como Martin Scorsese o Francis Ford Coppola con quienes en 1989 realizó una película titulada, precisamente, Historias de Nueva York (New York Stories, 1989).

sábado, 6 de septiembre de 2025

Prejuicios de clase media

Si haces una película de éxito empiezas a preguntarte, ¿Dónde me he equivocado? 


Debo haber hecho algo que, o bien resulta cómodo, o reafirma los prejuicios de la clase media, o es demasiado simplista y sensiblera.


Woody Allen