miércoles, 29 de abril de 2026
martes, 14 de abril de 2026
Salvar la vida
Mi bella madre, artista in pectore que nunca pudo desarrollar su creatividad y que vivió con las alas plegadas en la jaula de su pequeña vida doméstica, solía escaparse conmigo por las tardes a algún cine del barrio, a escondidas de mi estoico padre, que se mataba a trabajar y que probablemente no hubiera entendido que esos programas dobles de coloridas y luminosas mentiras eran tan necesarios para mi madre como el aire y el agua.
Creo que esos cines salvaron la vida a muchas personas.
Rosa Montero, Viva el cine, El País, 29-03-2026
sábado, 11 de abril de 2026
El principio de incertidumbre
Renoir afirmaba que había necesitado años y películas para darse cuenta de que no bastaba con fotografiar la realidad. Había que construir, Para ver en el cine a unas personas conversando en un café, era mejor ir al café.
[…] Desde muy temprano, he tenido una visceral aversión al naturalismo, a las películas que pretendían ser "como la vida misma". Y, sin embargo, a mí me gustaba la vida, me gustaba, como a Renoir, ver y escuchar las conversaciones de café y también mirar a la gente en el metro, donde uno podía ver, por ejemplo, cómo una chica con aspecto de secretaria camino del trabajo entraba en el vagón, se sentaba y, cuando el metro arrancaba y se metía en el túnel y la oscuridad exterior hacía que el cristal de la ventana del vagón se convirtiera en un espejo, entonces, ella sacaba un lápiz de labios del bolso y se retocaba tranquilamente la pintura de su boca; cuando la ventana se encendía porque habíamos llegado a otra estación, guardaba el lápiz de labios.
También me gustaba seguir a la gente que hablaba sola por la calle, apasionándome por las historias que desvelaban sus diálogos imaginarios. Pero pronto me di cuenta de que eran aficiones muy peligrosas. No se puede mirar fijamente a una pareja que charla en un café porque, más pronto o más tarde, o bien se callan o bien te dan una bofetada.
[…] Así es que la mirada modifica la realidad. Y no digamos una cámara y un micrófono.
Antonio Drove, Tiempo de vivir, tiempo de revivir. Conversaciones con Douglas Sirk
viernes, 3 de abril de 2026
La intervención de Bach
Después de cenar, tu hermana y tú cogéis el autobús 104 hacia Broadway para ir al cine New Yorker y entráis en la frescura de aquel espacio oscuro a ver Ordet (La palabra), la película de Carl Dreyer de 1955.
Normalmente, no te interesaría un film sobre cristianismo y cuestiones de fe religiosa, pero la dirección de Dreyer es tan precisa y penetrante que enseguida te sientes atrapado en la historia, cuyo comienzo te recuerda una obra musical, como si el film fuese una traducción visual de una invención a dos partes de Bach.
Paus Auster, Invisible
miércoles, 1 de abril de 2026
Allí dentro
El director de cine se asoma al objetivo de la cámara un poco con el mismo espíritu de quien mira a través del ojo de una cerradura.
De ahí el carácter onírico de las mejores películas. Porque seguimos preguntándonos lo mismo: qué ocurrió exactamente allí dentro para que nosotros estemos aquí fuera.
Juan José Millás, ¿Qué ocurrió allí?, El País 27/03/2016
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