Tal vez sea La piel suave (La peau douce, 1964) la película de Truffaut que contiene mayor cantidad de insertos o primeros planos en su metraje; cada elemento, por ínfimo que sea, será notoriamente subrayado; desde un número de teléfono escrito en una caja de cerillas a unos zapatos, pasando por el resguardo de unas fotografías.
Todo adquiere un total protagonismo en una cinta planificada alrededor de un intimismo objetal que nos presenta a los personajes como víctimas de sus habitáculos, lejos del realismo entre poético y lírico de sus primeras obras.
Carlos Balagué, Françoise Truffaut