En Sueño y silencio, su última película, el director [Jaime Rosales] ha conseguido su versión más compleja y depurada de un largo viaje.
[…] De nuevo, como en todo su trabajo, la idea es dejar que la historia que guía la película se cuente sola; se trata de evitar intermediarios tales como el guion, los actores profesionales, el artificio de la puesta en escena.
Cuenta Rosales que sus películas saben de dónde salen, pero no adónde llegan. La cámara se mantiene agazapada a la espera de que algo duro y pesado termine por caer desde la pantalla y, claro está, haga daño. El azar o, mejor, la experiencia del rodaje como auténtico argumento.
Luis Martínez, El Cultural
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