jueves, 12 de febrero de 2026

Resistirse a ser dicho

Para Roland Barthes, con perdón, el punctum de una fotografía es aquello que hiere al espectador de manera íntima e involuntaria. Se define en oposición al studium, que es lo que comprendemos culturalmente: el tema de la foto, su contexto histórico, social o político; en otras palabras, lo que podemos compartir a través de una lectura educada, consciente. 

El punctum, con frecuencia, ni siquiera es objetivable, se trata de un detalle que rompe el equilibrio de la imagen y produce una conmoción privada. El punctum no informa, afecta. Cuando se racionaliza, se convierte en studium, porque el punctum se resiste a ser dicho.

Juan José Millás, Jamás he subido esa escalera, El País 25/01/2026

Al margen

Siempre he sentido debilidad por los secundarios. 

Me gustan las películas que, cuando deberían haber acabado, todavía siguen un poco más; me gustan los actores que están al margen de la atención de la cámara; me gusta lo que está en el apéndice, la nota al pie. Farley Granger es un poco misterioso: un mal actor que en La soga y en Extraños en un tren hace bien su papel. esas dos películas son relativamente memorables, aunque no sean las más conocidas de Hitchckock... 

Farley Granger, un chico tímido de clase media, procedía de la América profunda; de repente se vio metido en Hollywood y no lo supo digerir. Al igual que los personajes como él, me interesan las situaciones que podrían pasar desapercibidas pero que, si se las sabe apreciar, tienen mucha significación.

Javier Montes

lunes, 26 de enero de 2026

3. Annie Hall

Allen obtiene su primer éxito con Annie Hall (1977) película que marcó el inicio de la gran etapa creativa de Woody Allen como autor y con la que obtiene cuatro Oscar de Hollywood correspondientes a la mejor película, director, guion y actriz protagonista (Diane Keaton) premios que Allen no acudió a recoger a Los Ángeles bajo el pretexto de que tenía que tocar el clarinete en el Michael’s Pub de Nueva York. La película tuvo un presupuesto total de 3 millones de dólares y consiguió recaudar 30 millones.

El argumento es el siguiente: Alvy Singer, interpretado por el propio Woody Allen, es un cuarentón neurótico que trabaja como humorista en clubs nocturnos. Tras romper con Annie reflexiona sobre su vida, rememorando sus amores, sus matrimonios, pero sobre todo su relación con Annie. Al final, llega a la conclusión de que son sus manías y obsesiones las que siempre acaban arruinando su relación con las mujeres.

Annie Hall también representa un paso decisivo en las relaciones del cineasta con su ciudad. Por una parte porque describe con precisión su concepto del estilo de vida específicamente neoyorquino, y de la fauna que lo anima, al tiempo que muestra con especial belleza sus rincones preferidos. Y, por otra, porque utiliza como elemento de comparación California, criticando despiadadamente las condiciones de la vida cotidiana de Los Ángeles.

En Annie Hall Allen se ríe de sí mismo a la vez que hace una descarnada y agridulce crónica de su generación, de esa modernidad progre de Nueva york, y por extensión del mundo occidental, que padece los mismos problemas de soledad, inadaptación y  falta de amor. Al ser el espejo de su época, Annie Hall se ha ganado el calificativo de película universal y retrato de la nueva burguesía de fin de siglo.

Allen lo explica así:
Annie Hall fue muy importante para mí porque era mucho más realista que lo que yo había hecho en mis películas anteriores en las que lo único que me importaba es que fueran divertidas (…) Era una película mucho más real, tenía mucho más que ver con los seres humanos. Por lo tanto, no pude ser tan divertido como en mis anteriores películas.

Técnicamente la película se asienta sobre una estructura narrativa fragmentada por flashbacks, intervenciones de Alvyn dirigidas a la cámara (en ocasiones interpelando al espectador), sueños, escenas de animación, imágenes con subtítulos que revelan el verdadero pensamiento de los interlocutores y división de la pantalla en dos partes desde las que los actores se interpelan.
 Vamos a ver el comienzo con Woody Allen hablando directamente a la cámara.




Demasiado metraje para un tiempo limitado
Cuando Woody se encerró en la sala de montaje tenía ante él más de cuarenta horas de película filmada. El primer montaje que realiza dura cuatro horas. De esta masera tiene que suprimir muchas escenas para no superar la duración prevista para una película comercial. Allen sacrificó parte del argumento sobre la vida de Alvy para centrarse en la relación entre Alvy y Annie. Así, el segundo montaje duraba dos horas y media y, finalmente, consiguió reducirlo a los 93 minutos de la copia de exhibición.
De las muchas escenas que el realizador sacrificó cabe destacar dos: una fantasía de Alvy en la que se veía en una tele jugando un partido de baloncesto contra los New York Knicks y otra en la que Alvy, Annie y Rob están paseando por las calles de Manhattan y el Diablo ―vestido con un elegante traje―les invita a una visita guiada por el infierno. Descienden en un montacargas y van pasando por distintos niveles donde van observando a diferentes celebridades que se encuentran allí castigadas. Cuando llegan al nivel sexto y se abren las puertas aparece, entre llamas, el presidente Nixon.

 Vamos a ver una escena e la que los personajes se dirigen directamente al público.



miércoles, 21 de enero de 2026

Malas compañías

Las películas que hice son tan autobiográficas como la ficción puede serlo.


Jean Eustache

martes, 13 de enero de 2026

La ardilla roja

En una noche de verano Jota, desesperado por el abandono de su gran amor, intenta suicidarse arrojándose al mar. 

En ese momento ve caer en la arena de la playa a una chica que ha tenido un accidente de moto. A consecuencia del golpe la joven sufre una amnesia total, no recuerda ni su nombre. 

Jota, aprovechándose de esta situación, le hace creer a la chica que se llama Lisa y que es su novia desde hace cuatro años.

Julio Medem, sinopsis de La ardilla roja (1993)

miércoles, 7 de enero de 2026

Muñecas rusas

A sus 54 años y con once películas a la espalda, la alambicada afición de Anderson al juego de muñecas rusas fluye en Asteroid City

Un decorado dentro de otro decorado y otro hasta configurar un mosaico de minirrelatos, memorabilia, canciones y símbolos tan encerrados en sí mismos que por momentos el espectador corre el riesgo de quedarse al otro lado del espejo. 

Elsa Fernández Santos, El País

sábado, 3 de enero de 2026

Un acto de violencia

Hay un orden en el cosmos y el amor es una acto de violencia contra esto.


Ignatius Farray

jueves, 1 de enero de 2026

2. Los comienzos

Después de haberse iniciado como escritor de chistes para otros, monólogos que en ocasiones interpretaba él mismo, y pequeñas piezas teatrales o para televisión, además de numerosos artículos satíricos publicados en The New Yorker y otras revistas, Woody Allen llegó al cine en 1965 de la mano del productor Charles Feldman que aceptó su guion y le propuso intervenir como actor en la película ¿Qué tal, Pussycat? (What’s New, Pussycat?, 1965) dirigida por Clive Donner. Es la historia del famoso playboy Michael James (Peter O'Toole), quien se ve continuamente asediado por mujeres, para tratar de enderezar su compleja vida amorosa, acude a la consulta del doctor Fritz Fassbender (Peter Sellers), un desequilibrado psiquiatra, más adicto al sexo que el propio Michael, de modo que, en lugar de ayudarle a resolver su problema, se lo agrava. Continuos cambios en el guion hacen que la película que se estrena tenga poco que ver con lo que Allen había escrito originariamente.



Un par de interpretaciones más dieron paso a la primera obra cinematográfica Toma el dinero y corre (Take the Money and Run, 1969) dirigida y protagonizada por Woody Allen cuyo guion escribió junto a Micky Rose y en la que ya podemos ver las características de lo que será su cine.
La película está narrada por una voz en off y en ella se mezcla el thriller policíaco (o más bien su parodia) con los temas recurrentes de sus monólogos (sus padres, el psiquiatra, las mujeres) y con los elementos propios de un documental (imágenes de archivo y entrevistas simuladas) que años más tarde utilizará en otras películas.
Allen narra la delirante historia de Virgil Starkwell, un incompetente atracador que desde el principio de su vida estuvo abocado a la delincuencia, sometido y humillado en su infancia por los chicos más fuertes. Después de comprobar que su carrera musical no tenía futuro a Virgil no le quedó más remedio que robar, pero su escaso talento pronto lo conduciría a la cárcel.
La película se estrena en un solo cine de Manhattan, pero tiene tanto éxito que pasó a estrenarse por toda la ciudad, había nacido un director.


En 1971 realiza un mediometraje para televisión titulado Hombres en crisis: la historia de Harvey Wellinger (Men of Crisis: The Harvey Wellinger Story) donde satirizaba a Nixon y Kissinger y que finalmente la cadena WNET-TV de Nueva York no se atreve a emitir, se archivó y cayó en el olvido.

Allen dijo sobre este asunto:
[La película] no era muy buena, pero la administración Nixon la censuró y nunca fue emitida. De ese modo se hizo muy importante, aunque nadie la hubiese visto. No era nada, pero como estuvo prohibida se convirtió en un mito. Es mediocre, no demasiado buena y apenas tiene algunos chistes.

En 1971 dirige su segundo largometraje, Bananas donde actúa dando vida a Fielding Mellish, un neoyorkino típico y, a la vez, muy peculiar cuya vida se transformaba por completo al enamorarse de una activista política que le desprecia por su falta de compromiso lanzándolo a la olla de conflictos que bullía en la imaginaria república bananera de San Marcos.
Pero el personaje que va a fijar los rasgos físicos y psicológicos que han hecho tan popular su figura es el de Allan Felix, el protagonista de Sueños de seductor (Play itAgai Sam, 1972) dirigida por Herbert Ross aunque con guion de Allen a la vez basado en su propia obra de teatro y homenaje personal a Casablanca (1942, Michael Curtiz).

Dice Allen sobre Bananas:
Bananas seguía siendo una película en la que solo me importaba ser divertido. No es más que ritmo rápido y chiste tras chiste y a otra cosa. Es bastante anacrónica.

Woody Allen durante el rodaje de 'Bananas'

Allen continúa su carrera con la disparatada Todo lo que siempre quiso saber sobre el sexo y nunca se atrevió a preguntar (Everything You Always Wanted to Know About Sex –But  You Were Afraid to Ask- 1972) La película es una paródica interpretación de la concepción del sexo que imperaba a principios de los 70, una comedia en la que a lo largo de siete capítulos, el director neoyorkino contesta a su manera las preguntas planteadas en el libro de divulgación sexual en el que se apoya el filma, abordando de una forma descarada y cómica algunos de los tabúes relativos a la sexualidad humana. 


Todo lo que siempre quiso saber sobre el sexo y nunca se atrevió a preguntar (1972)

El dormilón (Sleeper, 1973) es la historia de Miles Monroe, clarinetista y propietario de una tienda de comida sana, quien tras permanecer 200 años en estado de hibernación despierta en el año 2.174 en una América regida por un estado policial que vigila día y noche a todos los habitantes del país.
Sleeper es la historia del hombre que se siente fuera de lugar en la sociedad del futuro, pero también se puede reconocer una fábula sobre la incomodidad que siente el ciudadano normal ante los nuevos inventos de la humanidad
Esta película ayudó al director a perfeccionarse para metas más ambiciosas, el guion está más cuidado y ya no es una mera sucesión de gags sino una historia con un argumento más elaborado.

Woody Allen y Diane Keaton en 'El dormilón' (1973)

En 1975 rueda una singular reconstrucción de la época napoleónica en La última noche de Boris Grushenko (Love and Death, 1975) narra las aventuras del cobarde Boris Grushenko que intenta luchar a su modo contra las tropas napoleónicas, todo ello no es más que la excusa para que Allen pase por la trituradora de su humor a clásicos de la literatura rusa como Guerra y paz de Tolstoy o Los hermanos Karamazov de Dostoyevski.
Dentro de la primera etapa cómica de Allen, es su película globalmente mejor conseguida y anuncia algunos aspectos que marcarán su siguiente etapa más autobiográfica (Annie Hall y Manhattan) así como el lado dramático que mostrará en Interiores (1978).