Después
de haberse iniciado como escritor de chistes para otros, monólogos que en
ocasiones interpretaba él mismo, y pequeñas piezas teatrales o para televisión,
además de numerosos artículos satíricos publicados en The New Yorker y otras revistas, Woody Allen llegó al cine en 1965
de la mano del productor Charles Feldman que aceptó su guion y le propuso
intervenir como actor en la película ¿Qué tal, Pussycat? (What’s New,
Pussycat?, 1965) dirigida por Clive Donner. Es la historia del famoso playboy
Michael James (Peter O'Toole), quien se ve continuamente asediado por mujeres, para tratar de enderezar su
compleja vida amorosa, acude a la consulta del doctor Fritz Fassbender (Peter
Sellers), un desequilibrado psiquiatra, más adicto al sexo que el propio
Michael, de modo que, en lugar de ayudarle a resolver su problema, se lo
agrava. Continuos cambios en el guion hacen que la película que se estrena
tenga poco que ver con lo que Allen había escrito originariamente.
Un par de
interpretaciones más dieron paso a la primera obra cinematográfica Toma
el dinero y corre (Take the Money and Run, 1969)
dirigida y protagonizada por Woody Allen cuyo guion escribió junto a Micky Rose
y en la que ya podemos ver las características de lo que será su cine.
La película
está narrada por una voz en off y en ella se mezcla el thriller policíaco (o
más bien su parodia) con los temas recurrentes de sus monólogos (sus padres, el
psiquiatra, las mujeres) y con los elementos propios de un documental (imágenes
de archivo y entrevistas simuladas) que años más tarde utilizará en otras
películas.
Allen narra
la delirante historia de Virgil Starkwell, un incompetente atracador que desde
el principio de su vida estuvo abocado a la delincuencia, sometido y humillado
en su infancia por los chicos más fuertes. Después de comprobar que su carrera
musical no tenía futuro a Virgil no le quedó más remedio que robar, pero su
escaso talento pronto lo conduciría a la cárcel.
La película
se estrena en un solo cine de Manhattan, pero tiene tanto éxito que pasó a
estrenarse por toda la ciudad, había nacido un director.
En 1971
realiza un mediometraje para televisión titulado Hombres en crisis: la historia
de Harvey Wellinger (Men of Crisis: The Harvey Wellinger Story) donde satirizaba
a Nixon y Kissinger y que finalmente la cadena WNET-TV de Nueva York no se
atreve a emitir, se archivó y cayó en el olvido.
Allen dijo
sobre este asunto:
[La película] no era muy buena, pero la administración Nixon la
censuró y nunca fue emitida. De ese modo se hizo muy importante, aunque nadie
la hubiese visto. No era nada, pero como estuvo prohibida se convirtió en un
mito. Es mediocre, no demasiado buena y apenas tiene algunos chistes.
En 1971
dirige su segundo largometraje, Bananas donde actúa dando vida a Fielding Mellish, un neoyorkino típico y,
a la vez, muy peculiar cuya vida se transformaba por completo al enamorarse de
una activista política que le desprecia por su falta de compromiso lanzándolo a
la olla de conflictos que bullía en la imaginaria república bananera de San Marcos.
Pero el
personaje que va a fijar los rasgos físicos y psicológicos que han hecho tan
popular su figura es el de Allan Felix, el protagonista de Sueños de seductor (Play itAgai Sam, 1972) dirigida por Herbert Ross aunque con guion de Allen
a la vez basado en su propia obra de teatro y homenaje personal a Casablanca
(1942, Michael Curtiz).
Dice Allen
sobre Bananas:
Bananas seguía siendo una película en la que solo me importaba ser
divertido. No es más que ritmo rápido y chiste tras chiste y a otra cosa. Es
bastante anacrónica.
| Todo lo que siempre quiso saber sobre el sexo y nunca se atrevió a preguntar (1972) |
El dormilón (Sleeper, 1973) es la historia de Miles
Monroe, clarinetista y propietario de una tienda de comida sana, quien tras
permanecer 200 años en estado de hibernación despierta en el año 2.174 en una
América regida por un estado policial que vigila día y noche a todos los
habitantes del país.
Sleeper es la
historia del hombre que se siente fuera de lugar en la sociedad del futuro,
pero también se puede reconocer una fábula sobre la incomodidad que siente el
ciudadano normal ante los nuevos inventos de la humanidad
Esta
película ayudó al director a perfeccionarse para metas más ambiciosas, el guion
está más cuidado y ya no es una mera sucesión de gags sino una historia con un
argumento más elaborado.




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